No era la primera vez que Virginia lo veía. Habían pasado meses desde que divisó su figura deambular entre los álamos del parque y aún así,no había olvidado ni el más mínimo detalle del atolondrado caminar de él,de su amable sonrisa y de su porte galante.
El sol se escondía rápidamente,casi tan rápido como la caminata de las parejas que paseaban por el lugar,pero Virginia sentía que todo estaba en slow motion,las hojas de los árboles se movían tan despacio ante su vista,que parecía que el viento no hacía más que acariciarlas sutilmente. Él la vio y sonrío. Ella lo miró de vuelta y le sonrió también,mientras presa de la timidez, subía desesperadamente hacia su cara el libro que sostenía con las manos. Comenzó a leer,pero el reciente encuentro desató su imaginación más allá de la lectura (y de la locura también). Fueron segundos - ¿o menos?- pero para Virginia,fue toda una vida de fantasía que se proyectó ante sus ojos: una casa grande;un patio con árboles frutales;ella jugando con su pequeña Emilia y su principito -así le decía ella- Agustín;la mujer que la había criado toda la vida,Aurora,preparando limonada y él. Él,él,él. No sabía su nombre,pero eso no importaba,porque él llegaba y abrazaba a sus hijos,no a los hijos de ella,a los hijos de ellos y ese sólo pensamiento la llenaba de alegría. Y la abrazaba a ella también,y Virginia sentía una emoción que creyó nunca iba a sentir,él era suyo,sólo suyo. Ya no era del parque de los álamos,ya no era del viento,no era aquel jovenzuelo que la había saludado hace un segundo,era simple y felizmente suyo.
De repente el pelotazo de un niño travieso terminó arrebatándole el libro de las manos y Virginia se dio cuenta que todo fue una cuestión de segundos, en ese momento ella detestó un poco al niño porque la sacó de ese estado onírico tan apacible,pero algo sucedió en su corazón,simplemente no pudo odiarlo,fue algo que no supo reconocer hasta que alguien dijo-¡Niño Agustín,tenga cuidado con su madre!- esa voz le parecía tan,tan familiar que no dudó un segundo y vio de dónde provenía,¿acaso era Aurora,su querida Aurora la que dijo tales palabras? en efecto,era ella,la misma que le preparaba el desayuno cada mañana. El niño le dio un beso en la mano y corrió hacia una niña que se parecía demasiado a su Emi para ser cierto. ¿Cómo podía ser eso posible? Virginia estaba confundida,se quedó muda por la impresión,hasta que un jovenzuelo de caminar atolondrado,que a cada paso se hacía un año más viejo llegó hasta ella y le dijo "Virginia,mi amor,¿qué te pasa? parece que la lectura te hubiese absorbido hasta dejarte sin habla".
¿Cuánto tiempo había pasado leyendo? ¿Era posible que los años hubiesen pasado en menos de un minuto? Al parecer,efectivamente su vida había pasado ante sus ojos sin que se diera cuenta ¿o todavía estaba leyendo el libro y estaba presa de su propia imaginación?.
Virginia no podía más,estaba encerrada en una encrucijada tiempo-espacio que no podía dilucidar,quiso llorar,quiso reir,¿en qué minuto su imaginación se había vuelto tan fructífera?. Decidió cerrar el libro,respiró profundamente,pestañeó y en su mente sólo rondaban ideas sobre si acaso ella estaba realmente en ese lugar,o estaba siendo víctima de una broma macabra del tiempo. Virginia miró hacia abajo y entre risas encontró la respuesta que estuvo en sus propias manos desde siempre. Estaba leyendo su Diario de Vida.








