viernes, 25 de enero de 2013

Bajo un árbol en un campo.

Las hojas se movían lentamente, el viento las acariciaba sutilmente,como quien toca la piel de un bebé recién nacido. El cielo, inmenso, quería ser azul pero estaba manchado con nubes que se trasladaban hacia el este de manera tan uniforme y lenta que ella pensó que podía atraparlas si se se lo proponía.

miércoles, 23 de enero de 2013

Tinta Roja.

Recuerdo que cuando (por fin) salí de clases, me dije a mí misma: "no volveré a leer algo extenso en muuuuucho tiempo, mi cerebro necesita descansar de tanta lectura", y fue así donde a 10 días de haber salido de vacaciones, devoré sin piedad un libro de 409 páginas en dos días.
No sé si fue la ansiedad de leer otro texto de Fuguet - creo que abusé tanto de la lectura de "Mala Onda" que hasta podría citar algunas frases -, la falta de internet o la emoción que me producía adentrarme en un mundo que en algún momento de mi vida me fue tan cercano y lejano a la vez; el punto, es que algo hizo que finalmente la 'Tinta Roja' de Alberto Fuguet escurriera por mis manos como si fuese agua.

Creo que de por sí el libro se me presentaba de forma interesante, pues mi papi no pocas veces me había dicho que "Tinta Roja" era un retrato vivo de cómo era la sección de redacción del Diario Austral de Temuco (y de todos los diarios en realidad), o sea, quizás no era un ambiente tan libertino como el del Diario ficticio del libro, El Clamor, pero de lo que sí estoy segura, es que la vida de periodista policial es tan cruda, agitada y divertida como Fuguet la pinta.

Mientras leía el texto, me era imposible no recordar mi niñez, cuando a mi papá lo llamaban a cualquier hora porque había ocurrido un hecho policial que debía cubrir; en ese entonces, no lograba entender por qué él tenía que ir a trabajar de nuevo si había llegado a la casa hacía poco rato, no comprendía la razón de por qué - según yo - "lo molestaban"a altas horas de la madrugada y aunque la lluvia azotara con furia las tierras temuquenses, él salía igual a trabajar.
Cómo olvidar las innumerables veces que fui a ver a mi papi al Diario, mientras los guardias, los periodistas, las secretarias, los choferes e incluso los altos mandos del lugar me saludaban afectuosamente; sobre todo, cómo no recordar al "Hermano" Carolo - rebautizado por mí como "Callollo" (no podía pronunciar bien su nombre) - el compañero de andanzas policiales de mi papá, aquel chofer del móvil del Diario que aún después de 15 años y un poco más, sigue viéndome como la pequeña de rulos muy sonriente que de vez en cuando iba a alegrar su jornada laboral, mientras iba caminando con mi mami desde el kiosko de mi abuelita (que por esa cosas del destino está en la calle del Diario) y le gritaba "Hola Hermano Callolloooo!". Creo que él nunca dejará de sorprenderse de 'lo grande que estoy', de que 'ya soy toda una señorita' y que 'ya no tengo tantos rulos como antes'.

Es gracioso darme cuenta que el modelo del libro realmente existe y de forma tan precisa: mi papi como Alfonso (sólo en lo que a periodista policial en práctica respecta), el Hermano Carolo como Camión, Ravanal como Escalona, el reportero gráfico de El Clamor, y todos aquellos que le fueron enseñando lecciones de periodismo y de vida a mi papá, tal como lo hacían Saúl Faúndez y Celso Cabrera en el libro. Es increíble ver que se enfrascaban en situaciones que parece que sólo ocurren en los libros, pero no, en la realidad concreta también hay cosas tan freaks como que un periodista policial, mi papá en este caso, haya viajado de noche desde Temuco a Chiloé para entrevistar - sin resguardo policial de por medio - al primer asesino en serie chileno, o que haya pasado una semana en una plaza de Temuco viendo como en las noches se transformaba en un antro de prostitutas, travestis y traficantes. Estuvo toda esa semana conociendo ese mundo tan ajeno a él, entrevistándolos, conociendo el por qué habían llegado a ejercer el oficio más antiguo del mundo, entre otras anécdotas. A veces la ficción se parece mucho a la vida real. Y viceversa.

Ahora recién, luego de más de una década soy capaz de comprender un poco mejor la agitada vida del periodista, y no solo eso, sino que entiendo por qué mi papi me decía que evitara ser periodista, y también capto por qué me miró tan serio cuando le planteé que me parecía interesante el área de criminología (creo que vi mucho CSI y La Ley y el Orden en ese tiempo...), pues asumí que después de haber estudiado con cadáveres en mi corto pero fructífero paso por Odontología, nada relacionado con la muerte de personas ajenas a mí podría afectarme tanto como para hacerme desertar (inserte un gran, GRAN Yao Ming aquí, yo soy de las que llora como nena con la Teletón e incluso las novelas - todavía lloro la muerte de Pelluco - por lo que hubiese durado menos que un candy en ese ambiente). Fue en ese momento cuando él me dijo que vivir rodeado de muerte, no era algo agradable, que ver el sufrimiento tan de cerca, de algún modo,  te consume el alma.

Gracias a este libro, ahora me siento aún más conectada con mi papá, me siento orgullosa de que haya sido capaz de resistir a cosas tan fuertes dentro de su profesión y que haya podido despegar, ascender, y me alegra ver que al contrario de lo que le pasó a Alfonso, mi papá no se quedó pegado en lo policial y fue capaz de ver más allá de la crónica roja. Me siento agradecida también de conocer el mundo periodístico por dentro, porque la gente ve que el Diario solamente sale a la venta y despotrican contra los periodistas por una u otra cosa, y no se dan cuenta que hay algo más allá del simple diario, es el esfuerzo de decenas, incluso cientos de personas, que culmina con aquellas hojas llenas de información que día a día circulan por las calles llevando en ellas impresas el sudor, el cansancio por las extensas jornadas de trabajo (tan mal pagadas hoy en día) y valentía de cada persona que contribuyó a su publicación.
Estoy segura que todos aquellos que generalizan al gremio - generalización que según mi percepción tiene como base la ignorancia - no tienen ni la más mínima idea de todo lo que conlleva ser periodista, de comunicar a las masas, de quizás, a través de una nota hacer justicia y dar consuelo a una familia contando los hechos como fueron y no como los poderosos quieren que se cuente;  no sabrían ni siquiera cómo hacer una entrevista decente ni tendrían ese olfato para la noticia que tanta falta hace en el periodismo actual, donde algunos salen de la universidad esperando que las noticias les lleguen al escritorio, siendo que tal como dice el periodista más cachilupi de Chile, Pablo Sandoval (sí, soy su hincha número uno), "el periodismo de verdad está en la calle, en aquello que no se ve a simple vista, es cosa de investigar y se pueden encontrar historias increíbles. La labor del periodista no es transmitir comunicados oficiales, está en buscar la verdad y comunicársela a las demás personas, para ayudar y hacer de la sociedad algo más justo, pues como bien dice la Bío Bío, el que no está informado no puede tener opinión. ".

En fin, no me queda otra cosa que recomendar este gran libro, pues Fuguet, amado por unos y odiado por otros, tiene un talento innegable para la prosa. ¿Quién mejor que un periodista y escritor para retratar su propio mundo?.






miércoles, 30 de noviembre de 2011

El tiempo es relativo.

No era la primera vez que Virginia lo veía. Habían pasado meses desde que divisó su figura deambular entre los álamos del parque y aún así,no había olvidado ni el más mínimo detalle del atolondrado caminar de él,de su amable sonrisa y de su porte galante.
El sol se escondía rápidamente,casi tan rápido como la caminata de las parejas que paseaban por el lugar,pero Virginia sentía que todo estaba en slow motion,las hojas de los árboles se movían tan despacio ante su vista,que parecía que el viento no hacía más que acariciarlas sutilmente. 
Él la vio y sonrío. Ella lo miró de vuelta y le sonrió también,mientras presa de la timidez, subía desesperadamente hacia su cara el libro que sostenía con las manos. Comenzó a leer,pero el reciente encuentro desató su imaginación más allá de la lectura (y de la locura también). Fueron segundos - ¿o menos?- pero para Virginia,fue toda una vida de fantasía que se proyectó ante sus ojos: una casa grande;un patio con árboles frutales;ella jugando con su pequeña Emilia y su principito -así le decía ella- Agustín;la mujer que la había criado toda la vida,Aurora,preparando limonada y él. Él,él,él. No sabía su nombre,pero eso no importaba,porque él llegaba y abrazaba a sus hijos,no a los hijos de ella,a los hijos de ellos y ese sólo pensamiento la llenaba de alegría. Y la abrazaba a ella también,y Virginia sentía una emoción que creyó nunca iba a sentir,él era suyo,sólo suyo. Ya no era del parque de los álamos,ya no era del viento,no era aquel jovenzuelo que la había saludado hace un segundo,era simple y felizmente suyo.
De repente el pelotazo de un niño travieso terminó arrebatándole el libro de las manos y Virginia se dio cuenta que todo fue una cuestión de segundos, en ese momento ella detestó un poco al niño porque la sacó de ese estado onírico tan apacible,pero algo sucedió en su corazón,simplemente no pudo odiarlo,fue algo que no supo reconocer hasta que alguien dijo-¡Niño Agustín,tenga cuidado con su madre!- esa voz le parecía tan,tan familiar que no dudó un segundo y vio de dónde provenía,¿acaso era Aurora,su querida Aurora la que dijo tales palabras? en efecto,era ella,la misma que le preparaba el desayuno cada mañana. El niño le dio un beso en la mano y corrió hacia una niña que se parecía demasiado a su Emi para ser cierto. ¿Cómo podía ser eso posible? Virginia estaba confundida,se quedó muda por la impresión,hasta que un jovenzuelo de caminar atolondrado,que a cada paso se hacía un año más viejo llegó hasta ella y le dijo "Virginia,mi amor,¿qué te pasa? parece que la lectura te hubiese absorbido hasta dejarte sin habla".
¿Cuánto tiempo había pasado leyendo? ¿Era posible que los años hubiesen pasado en menos de un minuto? Al parecer,efectivamente su vida había pasado ante sus ojos sin que se diera cuenta ¿o todavía estaba leyendo el libro y estaba presa de su propia imaginación?.
Virginia no podía más,estaba encerrada en una encrucijada tiempo-espacio que no podía dilucidar,quiso llorar,quiso reir,¿en qué minuto su imaginación se había vuelto tan fructífera?. Decidió cerrar el libro,respiró profundamente,pestañeó y en su mente sólo rondaban ideas sobre si acaso ella estaba realmente en ese lugar,o estaba siendo víctima de una broma macabra del tiempo. Virginia miró hacia abajo y entre risas encontró la respuesta que estuvo en sus propias manos desde siempre. Estaba leyendo su Diario de Vida.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Lonely.-



Quiero reirme,
por fuera no estoy mal,
un poco sexy,
por dentro simple...
...Busqué la forma
de no sentirme
tan vulnerable,
tan desechable...
Me siento lonely,
lonely, lonely (8)
( Lonely - Líbido (banda de rock peruana)


Me estoy aburriendo de todo.
Es re triste,porque tengo mil cosas para estar agradecida,pero hoy ando sin ánimo por la vida,todo me da lo mismo,trato de motivarme pero me cuesta. Que ganas de ser un objeto inanimado y sólo existir. Existir porque tengo que existir no más, sin objetivos que cumplir ni cuentas que rendir. Pero no es así, y supongo que debería acostumbrarme a ello, total, mañana será un nuevo día y posiblemente amanezca con mejor ánimo (eso asumo,o más bien, eso espero). Me siento mal y me siento mal de sentirme mal, siento que no corresponde, pero supongo que es el precio por sonreirle a todo el mundo y tomar una actitud de "whatever" cuando pasan cosas malas...
Tengo tantas cosas para ser feliz, pero de verdad hay días donde quiero huir, despertar y estar en paz conmigo misma. Quiero dejar de estar en medio de los conflictos, porque las personas por alguna extraña razón me ponen como moderadora de debates en los que no quiero participar, de verdad NO quiero ser parte de eso, pero supongo que mi buena actitud con el mundo (cosa que estoy empezando a detestar) me hace decir "bueno, que me cuesta ayudar, son personas que me importan y debo (aunque en realidad no debo, eso del "deber" sólo está en mi cabeza) tratar de solucionar sus conflictos", aunque eso me signifique un gran dolor de cabeza, perturbación espiritual y tristeza. Hay días donde me siento un estúpido imán de malas vibras...todos acuden a mi para que los ayude, los aconseje, les diga mi opinión, y cuando logro ayudar en algo a esa persona, él o ella se va contento, y soy yo la que queda con toda la mala onda adentro, y no se me pasa por días, supongo que los problemas del resto me afectan más de lo que quisiera.
¿Está mal el aburrirse de ser el pañuelo de lágrimas de la gente que quiero? agradecería enormemente que las personas se acercaran a mi para llenarme de vibras positivas y no para decirme que tuvo problemas con tal persona, que está enferma/o, que les está yendo mal en tal cosa y bla bla bla (utopía mode on, tengo claro que las relaciones humanas no funcionan así, lamentablemente), porque eso me pone en la incómoda situación de tener que consolar a alguien, aconsejar a alguien, reprimir mis problemas y tratar de pensar positivo para ayudar al "afectado"etc. Lo más probable es que mañana me arrepienta de esto, porque al parecer mi espíritu de servicio es más potente que mi hastío,pero bueh, supongo que de vez en cuando hace bien desahogarse.
Ah, hoy también estoy enojada con aquella gente a la que le dediqué horas, días, semanas e incluso meses de ayuda y me pagaron con alguna deslealtad. No actúo pensando en la recompensa que me darán, simplemente pido respeto y en el mejor de los casos, aprecio por el esfuerzo realizado. Que mala clase tú, si tú, si lees esto, déjame decirte que podríamos haber tenido una amistad de años, porque siempre te quejas de que la gente no te valora, pero no, supongo que te acostumbraste a perder a la gente que te quiere (o quería), porque sabes qué? no sabes conservarlos, por eso la gente se aleja, simplemente no sabes tener amigos/as, traté de cambiar eso, pero no vale la pena, simplemente no vale la pena. Yo no sirvo para ser pañuelo de lágrimas y que se olviden de mi amistad por una fiesta, no, no, no. Tengo suficientes cosas en qué pensar y desafíos que afrontar como para andarme preocupando de la vida de gente que no lo amerita.
Y así no más pos chiquillos. Esta es la versión mala onda de Jess, la que sólo suele mostrarse en sus círculos sociales más íntimos, la que se aburre de ser la niña dulce con sonrisa eterna que ayuda al prójimo. Supongo que después de dormir, esta versión apática y malagradecida volverá a la caja de Pandora para no volver en un largo, laaaaaargo tiempo y mañana será todo normal. Como siempre. No me odien, y si tienen un problema, estoy ahí para ustedes.

miércoles, 5 de octubre de 2011

El payasito bajo la lluvia.-

Hoy día me pasó algo que me dejó intranquila, iba en la micro como todos los días a eso de las 14:00, escuchando música, mirando la gente caminar y de pronto vi algo que me llamó mucho la atención: era un niñito de unos 10 años en la plaza del hospital que estaba vestido con ropas muy coloridas y noté que quería subirse a una micro a hacer su show de payaso; estaba acompañado por la que presumo era su mamá, quien estaba vestida de forma común y corriente. Lo primero que vino a mi mente fue: ese niñito debería estar en clases. Lo segundo: ¿qué tipo de necesidad tendrá como para tener que trabajar a esta edad?. Lo tercero: ¿su "mamá" (no tengo la certeza de que lo sea) sabrá que puede ser sancionada (creo yo, no estoy segura) por hacer que el niño trabaje?. Lo cuarto: ¿qué pensará el niñito al ver un montón de colegiales subiendo a las micros mientras él debe llevar quizás, el dinero para el pan?. Y finalmente pensé: ¿qué puedo hacer yo para ayudarlo?, porque claramente la idea de quedarme de brazos cruzados ante una situación así es algo que no está en mi naturaleza, sin embargo, aunque estuve tratando de darme una respuesta, no la encontré y eso me angustió, es decir, yo, como ciudadana de 19 años, estudiante, no puedo hacer nada al respecto. Y eso me dolió. Llegué a mi casa y vi la comodidad en que gracias a Dios vivimos con mi familia y no pude evitar pensar en que el Payasito quizás ni siquiera había almorzado mientras yo me deleitaba con comida hecha por mi mami. Y eso me molestó de un modo extraño, me dio pena saber que no tengo una herramienta concreta para poder ayudar al Payasito.
Y luego se puso a llover torrencialmente.
Ya habían pasado un par de horas y yo todavía no me olvidaba del Payasito, mi hermanito (que tiene 12 años) llegó del colegio a la casa, nosotros lo esperábamos con fueguito en la combustión lenta y un plato de comida; debo decir que me tranquilizó la idea de saber que si yo hubiese llevado al Payasito a almorzar a la casa, mis papis lo hubiesen recibido gustosos, ellos son las personas más generosas que conozco, quizás por eso me involucré demasiado con la imagen del Payasito trabajando. Supongo que vi el contraste entre mi hermanito y ese niño que quizás aún estaba mojándose para ganarse unas monedas y el darme cuenta de la injusticia del mundo de forma concreta y real me dolió más de lo que hubiese querido.
Ya eran las 18:40 y tenía que viajar, así que fui a tomar micro, ya había olvidado un poco el tema, en realidad estaba concentrada en otras cosas, hasta que de repente vi para afuera y...¡EL PAYASITO ESTABA EN EL PARADERO!, la lluvia azotaba Temuco como sólo lo sabe hacer la lluvia sureña, pero esta vez sentí que mojaba más que otras veces, el niñito aún estaba con su ropa de payasito, pero esta vez su "mamá" también estaba vestida de esa forma, vaya a saber Dios cuántas horas llevaba el payasito ahí, luchando contra la vida, recolectando peso a peso el almuerzo del día siguiente (o el desayuno, o la once, o la plata para comprar zapatillas, etc) y yo aún sin poder hacer nada para ayudarlo. Ellos se subieron a la micro que iba delante de la mía, por lo que no pude interactuar con él, pero sé que a pesar que probablemente no lo vea más, el Payasito marcó algo en mí. Quiero tener las herramientas para poder ayudar a niños como él,no quiero ver algo similar y sentir mis manos vacías para poder auxiliar al prójimo. Y lo voy a lograr, sea como sea, algún día voy a aportar mi granito de arena para que no haya más "payasitos" mojándose y perdiendo clases para llevar el sustento a su hogar.
Todos los días una aprende algo nuevo, la lección de hoy fue agradecer cada día por lo que tengo, porque no todas las personas tienen las bendiciones que yo poseo y sobretodo, saber que una de mis misiones de vida será encontrar la manera de ayudar al Payasito, al niño que vende verduras en la feria, al que limpia los vidrios de los autos en los semáforos, el que cuida nuestros autos en los estacionamientos, entre otros. Y usted, ¿aprendió algo leyendo la historia?, incluso hay una pregunta más importante: ¿se va a quedar de brazos cruzados?.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Santiago en penumbras.

Son pasadas las 8 de la noche. La gente camina mientras una suave brisa ameniza la tarde de primavera que está llegando a su fin. La noche está cerca,los colores del cielo van cambiando hasta que de repente todo se torna oscuro...la gente sigue deambulando, se ven familias que regresan a sus casas, jóvenes que pasean en bicicleta, personas que seguramente van a carretear (después de todo, es sábado) y abuelitos que pasean a sus perros. Todo en completa calma, todo transcurre con total normalidad. En el metro, la gente espera pacientemente a que las puertas se abran para poder ingresar a los vagones, me extraño al no ver escolares, al rato me doy cuenta que soy una estúpida: es sábado en la noche - estoy totalmente perdida con los días luego del feriado del 18 - y me pongo a observar la gran cantidad de gente que me rodea. De pronto viene lo inesperado: la luz se va y el ambiente pasa de un bullicio de proporciones a un completo silencio, como que la gente queda en Stand by, esperando intrucciones, supongo.
 La voz en off comienza a decir que debemos evacuar el metro por razones de seguridad, la gente se resiste un poco a salir, asumo que por desconfianza a que les pase eso de "el que se fue a Melipilla perdió su silla", pero al final todos se bajan del tren. Una guagua llora, y una señora pasa corriendo al lado de todos vociferando algo que nadie entendió mucho, lo único que supimos fue que dijo que seguramente el famoso satélite (que nunca cayó) había provocado "la catastrofe", su tono tipín "se viene el fin del mundo, corran por sus vidas" nos deja WTF por algunos minutos mientras la señora corre a lo largo de la línea y se pierde en el horizonte.
No queda otra que salir del metro y largarse a caminar sin rumbo, esperando que la luz vuelva luego y que pillemos una forma menos cansadora de llegar al departamento. Hay muchos como nosotros, que no saben dónde diantres están parados, tratando de ubicar alguna calle de referencia, que les suene por lo menos como un recuerdo vago de alguna calle del "Gran Santiago". La gente residente es bastante amable y ayudan a los que somos "forasteros", así  logramos llegar a un lugar más conocido, y seguimos caminando. Y seguimos caminando. Y seguimos caminando. Y la luz no llega y no pretende llegar.
Mi papi me llama para contarme que el problema afecta a gran parte del país y que el origen radica en una falla en el Sistema Interconectado Central, me siento bien, al menos sé la real razón del por qué de la situación y no tengo que creerle a señoras neuróticas que vaticinan la perdición eterna...
Los chicos empiezan con la típica pregunta "Cuaaaanto faaaaaaaaaaaltaaaaaaaaaa?" (léase con tono de niño pequeño) y nadie sabe qué responder, total, por más que les digamos que estamos cerca (aunque en realidad estábamos lejísimos) iban a seguir preguntando cada 5 minutos...
La masa de gente sigue caminando mientras los Transantiago pasan como latas de sardinas por las calles de la capital y los taxis van con una sola persona como pasajero ante el repudio general por el egoísmo de esa situación. Una señora casi se cae porque no vió una valla en el camino, la gente va a socorrerla y yo de nuevo me convenzo que los santiaguinos no son tan pencas como los pintan, de hecho, estoy segura que esa percepción pasa por la ignorancia más que por la experiencia.
Al fin podemos subir a una micro, lo cual se torna una odisea considerando que la gente subía desesperadamente como si se fueran a morir si no lo hacen, en fin, recorremos unas cuantas cuadras y nos bajamos. Santiago sigue en penumbras.
Son como las 22:30 y al fin llegamos al departamento, luego de una caminata casi ciega por Santiago de Chile, estamos cansados a morir,cuando de pronto: ¡HÁGASE LA LUZ! la vida comienza a surgir nuevamente, la gente suspira y celebra como si hubiese resucitado un familiar muy querido, y yo pienso: Pucha que se ha vuelto imprescindible la luz eléctrica, al punto de ser casi esclavos de su presencia por las noches.
En fin. Santiago vuelve paulatinamente a la normalidad y yo también.

viernes, 12 de agosto de 2011

Relativité.

Hay muchas cosas que quiero decir, hay muchas que quiero callar, pero el ímpetu, los deseos de expresar lo que opino es mayor que mi silencio.

Hay cosas que amo y cosas que odio, y suelen entremezclarse.
Amo cuando veo abuelitos caminando de la mano por la calle. Odio a las parejas jóvenes demasiado efusivas que pasean por la calle.Todo es relativo. Amo viajar mucho y agradezco el poder haber vivido en 7 ciudades distintas, haber estado en 9 colegios (amo sobre todo haber estado en municipales, subvencionados y particulares, para conocer más de cerca todo el espectro social), amo haber vivido como en 15 casas en estos 18 años.
O-D-I-O la incertidumbre (sobre todo, si a decisiones de vida o a cosas amorosas se refiere). Odio no haber crecido en un sólo lugar, tener amigos de infancia, de esos con los que jugabas tardes enteras y ahora te los pillas en la calle y sientes (por que de verdad es así) que los conoces de toda la vida y que estarán siempre para una,ahí, pendientes, constantes, forever and ever. A pesar de todo, amo tener amigos en prácticamente todo Chile (al menos tengo alojamiento seguro por si quiero viajar algún día,muahaha).Amo pillarme en la calle con un amigo que no veia hace años y que hablemos largamente sobre cómo han cambiado nuestras vidas desde que dejamos de vernos. Odio cuando dejamos de vernos. Todo es relativo.
Amo sentarme cada jueves a ver Los Archivos del Cardenal. Amo ver que hay algunos que no están dispuestos a mostrar con eufemismos lo sucedido durante esa época, amo ver a Benjamín Vicuña como abogado (sí, tenía que decirlo), amo que pongan música ad-hoc para que una pueda sumergirse en la historia, y al mismo tiempo odio ver a esos abusadores hijos de la grandísima, pero lo que más odio, es saber que quizás aún están libres, viviendo su vejez tranquilamente en una casa bonita en un barrio "bien", con una apariencia social impecable, cuando en sus cochinas mentes se ahogan los gritos de quizás cuántos inocentes que por pensar distinto, o mejor aún, POR TENER CALIDAD HUMANA, fueron torturados y asesinados. Amo ver cuando la libertad y la democracia triunfan. Odio que me tachen poco menos de comunista por lo que pienso, porque NO LO SOY, no comparto esas ideas, que son a mi parecer, tan extremistas y locas como las del lado contrario.
Todo es relativo.
Amo y agradezco que Dios me regale tantas oportunidades. Odio desaprovecharlas. Amo que a pesar de caer, siempre hay una luz de esperanza.Sí, siempre la hay. Odio caerme, pero sobre todo, odio saber que me caí porque tropecé con mis propios cordones. Amo tener la libertad para equivocarme y cambiar de parecer, de vocación , de pensamiento, de forma de ver la vida. Odio ser una inconsecuencia con patas de un tiempo a esta parte.
Odio tener a mis mejores amigos tan lejos, porque los extraño demasiado. Amo que estén lejos, porque cuando los vuelvo a ver, aprovechamos cada segundo como si fuera el último, porque sabemos que no nos juntaremos en un largo período.Pero nah, el amor es infinitamente más grande que el odio.
Amo que la justicia llegue. Odio cuando se tarda (a todo esto, recién veía que se demoraron 4 años, CUATRO AÑOS en dilucidar algo evidente en el caso de la Teniente Marisol Vargas.Que ella también tiene derecho a tener privacidad a pesar de ser militar, ¡por favor! como si nadie supiera que esa es una cualidad inherente al ser humano...).
Todo es relativo.
¿Alguna vez han sentido que tienen algo seguro y de un minuto a otro se va sin previo aviso?, ¿alguna vez pensaron que una persona era de una determinada forma y resultó ser todo lo contrario?. Algunos dirán que sí, otros que no, ¡porque todo es relativo!.
Y para terminar: "SENTARSE A LEER 2 MINUTOS Y QUE PAREZCAN 2 HORAS, SENTARSE A CHARLAR CON UNA BELLA DAMA 2 HORAS Y QUE PAREZCAN 2 MINUTOS. ESO ES RELATIVIDAD."
¡Cuánto sabe mi querido Einstein!
PD: Los horrores de puntuación son adrede.